jueves, 12 de julio de 2007

De otros mundos XIV

Hoy Víctor Manuel Pérez Mestre
Suelo traer cosas de otros que me gustan, me conmueven y quiero compartir. En general, son autores de dominio público.
Hoy, les acerco esto, que no solo tiene un valor literario enorme, sino que además, tiene para mi un valor emocional que me es difícil transmitir.
Una vez repuesta de las lágrimas provocadas por la lectura de lo que a continuación transcribo, pensé en compartir esto también, porque vale la pena, porque es tan parte de mi.... y tengo la dicha inmensa de que su autor haya tomado mis palabras y esta parcelita de mi vida y las haya hecho maravilla.
Gracias Víctor
El viaje al viaje.

A Cecilia y Juan José.
A Jorge y Lala.
Cada uno de los cuatro sabe con certeza cuáles son sus merecimientos.
(Y dos de ellos con la clarividencia de quienes están de vuelta, definitivamente).


[Una “mamuschka”, “matrioshka”, “matruschka” o como demonios quiera que se diga. Manrique y las “Coplas...”. El “Homo Viator”... Nostalgias del mar natal, algo análogo a mi propia historia... Ya tengo con qué empezar.]

Una vida entera. ¿Será posible que haya sido así? A la vejez, ya desesperado de tanto esperar... Bueno, peor hubiese sido nunca. Lo que no entiendo es por qué Alicia ni siquiera me mira. ¿No lo entiendo o no me acuerdo? La verdad es que ni tengo registros en mi memoria de cómo y cuándo me senté a su lado en el coche. Seguramente el médico diría que es por el Alzheimer, como tantos otros vacíos en mi diario interior, pero son sólo estupideces. Los viejos nos cansamos y nos dormimos en cualquier parte, eso es todo. Nunca he tenido nada grave que reprocharme, y cuando eso sucede, uno duerme bien y profundo.

[Bien. El Alzheimer me justifica las lagunas. Van por la Ruta 2: es la que mejor conozco. Niebla, polvo o ceniza.]

Sí tengo presente que cargamos combustible antes de salir de Buenos Aires, hace ya algún rato. Habitualmente en estos casos solía invitarme a bajar del automóvil con ella, pero visto que hoy no lo hizo, opté por quedarme remoloneando en el asiento. ¡Quién sabe! Habrá pensado que sería una molestia, por lo que me cuesta levantarme. Tampoco es para tanto: todavía no estoy tullido ni mucho menos. Pero bueno, así es mi nieta. Salimos. Jujuy, San Juan, subida en Solís, autopista... y en ruta. Me gustaría saber qué hora será. No sé si sea por el color ahumado de los vidrios, pero aquí parecería que el aire es gris, coloreado y densificado por una especie de polvillo sutil, unas escamitas cenicientas que flotan a mi alrededor, como cuando uno ve esas motas suspendidas en el rayo crepuscular que se filtra entre los listones de las persianas. Tengo la certeza de que el tiempo estará corriendo a nuestro alrededor como el viento, y del mismo modo en que el asfalto lo hace por debajo nuestro, pero no tengo ni la menor idea de en qué momento del día estamos. Y entre que tanto y tanto, sumamos kilómetros, cortamos localidades que se anuncian en sus carteles: Quilmes, Florencio Varela, La Plata...

[Ahora, a introducir el destino, el motivo, la historia y el primer paralelo, con Serrat...]

... Chascomús. Buenos Aires se aleja y Mar del Plata se acerca. Viajar así es un gusto: la ruta es casi para nosotros solos: esporádicamente aparece sólo algún que otro camión o micro al que nos acercamos y que se termina por perder detrás nuestro; y de marco general nos arrulla el zumbido casi inaudible de la discreta eficiencia del dúo que entonan el motor y el aire acondicionado. Alicia sigue seria, concentrada en el derrotero que estamos cubriendo. Continúa sin despegar los labios. Pone música, y Serrat nos canta que nació en el Mediterráneo. Yo también, pero no en Cataluña, sino en Tánger. Pero si hubiera sido poeta, no hubiera podido ponerlo en coplas: no conocí de él otra cosa que las fotos y narraciones familiares, ya que mi familia llegó a las riberas platenses cargándome sus brazos laboriosos y desesperados de inmigrantes...

[A profundizar el paralelo musical, creo que ayuda.]

... Sigue cantando ahora “Mis gaviotas”. Y, algo de ellas debo haber tenido yo también, sólo que resulté moroso para terminar el ciclo de las migraciones. Me fui -o más bien, me llevaron-, y nunca volví al mar hasta ahora... ¿“Pueblo Blanco”? Sí. Yo también, en mi sueño de exiliado del horizonte líquido y bravío, creo que me olvidé de llorar por extrañarlo y de rezar para pedir volver a él. Una vida entera de trabajos y afanes, de afectos y dolores, de alegrías y sorpresas, pero siempre desterrado de cualquier paisaje que se parezca al que fue el mío natal. Mientras fui parte de la “población económicamente activa”, nunca tuve tiempo para tomarme vacaciones. Y luego, acogido al “maleficio” de la jubilación argentina, jamás dispuse del dinero imprescindible para esa clase de lujos. Alicia debe haber intuido este deseo que nunca le dije a nadie y que está tan bien guardado, o este viaje será simplemente una feliz casualidad fruto de su cariñosa iniciativa. Y en el medio de la neblina del polvillo gris, ha pasado Castelli y ya vamos entrando a Dolores.

[Pausa: casi todos la hacemos allí; nueva omisión.]

Otra vez se ha bajado y no me ha dicho nada. Han reabastecido el combustible, aunque por lo poco que ha durado la carga no parece haber sido imprescindible hacerlo. Probablemente habrá sido el pretexto para estirar un poco las piernas. Lo que son las mías, no me han molestado en lo absoluto. Será a causa de la expectativa por llegar, de que no soy yo quien sobrelleva la tensión del manejo, o no sé de qué.

[Tensión de la nieta, misión y segundo paralelo de destinos. Cecilia y Tomás.]

Ha subido y salimos. Y si de tensiones se trata, hay que ver la cara de esta chica. Está recién salida de su adolescencia, pero de pronto parece haber madurado de golpe. Es como si algo tremendamente importante hubiera caído sobre sus hombros, y tratase de honrar lo mejor posible esa misión que ignoro. Nunca le han sido fáciles las cosas, pero hasta hoy jamás le había visto esa expresión reconcentrada desde que tuve que hacerme cargo de su crianza, cuando mi hija Cecilia y su marido Tomás se despeñaron en la vieja ruta de las Altas Cumbres y yo pasé a ser su único pariente vivo. Sólo los conoció por fotos. Al final de cuentas, lo mío no fue tan grave. Fui condenado al ostracismo de mi tierra y del mar, y ambos podrían ser algún día reversibles, pero ella lo fue al de sus padres, y eso, en esta vida, no tiene remedio.

[Redondeando, que se me acaba el espacio disponible.]

Maipú quedó atrás, como tantos otros sitios de los que me acabo de enterar de su existencia. Y Camet, cuando entramos. No sé dónde esté el mar: desde entonces estamos cruzando la ciudad por adentro. Me hubiera gustado verlo al llegar: descubrirlo de frente al parabrisas, aún por detrás de esta niebla cenicienta que nos persigue desde Buenos Aires, como el espectáculo que se comienza a desplegar al abrirse el telón de un escenario, pero ella debe tener otros planes. Es posible que primero quiera dejar todo en el hotel, para luego llevarme despacio, caminando, para disfrutarlo como si se lo paladease. “Complejo Punta Mogotes”... No, no era eso que suponía. ¡Qué raro es que se meta con el auto en la arena por entre los árboles, siendo como siempre es, tan cuidadosa con él! Bueno, por fin se detiene. Toma un sobre del asiento trasero... “Escriban ía...” ¡Pero...!

-“... y si en vida no hubiera podido volver al mar, quisiera hacerlo aún después de muerto, por lo menos, aunque seguro que esto será imposible...”. ¡Aquí estamos, Abuelo!

-¿Cómo y por qué habrán cometido la infidencia y el delito de darte mi testamento? Gracias, chiquita, no era la idea haberte molestado así, eran sólo las tonterías de un viejo... ¡Dame un abrazo! ¿Qué pasa...? ¡Tus manos no intentan rodearme, me atraviesan hacia abajo en el asiento! ¿Y qué es esa caja que tomás de debajo de mí?


Creo que comprendo todo, finalmente. Ella abre la puerta y baja. Yo s ólo hago lo último. Avanzamos a paso firme. Ante nosotros se abre el arco de una playa casi desierta, y por delante de ella, el abanico ilimitado, por fin, del mar, que sólo compartimos con una pareja que se acerca caminando hacia nosotros despacio, descalza y tomada de las manos. El aparato musical sigue encendido, y Serrat canta con Machado ahora el final de “Retrato”:
“... y est é al partir la nave / que nunca ha de tornar...”

-
Tu mar, Abuelito. ¡Dios te bendiga, gracias por todo y hasta siempre!

Besa la caja y la abre. Las cenizas vuelan, se arremolinan y descansan finalmente sobre las olas que vienen a reposar a la costa, entremezclándose por arriba y por abajo con las gaviotas, que parecen un torbellino de papelitos blancos en cámara lenta. Y por fin la neblina polvorienta que me ha rodeado todo el trayecto deja su lugar al esplendor radiante de la luz del sol, que nos llena a todos de una cálida paz. Alicia queda en silencio por un minuto, tal vez rezando, y su pelo dorado que juega con el viento la hace parecer mi Ángel de la Guarda. Sube al coche, lo enciende, pone primera y se va relajada, con el deber amorosamente cumplido, mientras que Cecilia y Tomás, descalzos como yo, me dan su abrazo de bienvenida.

[Punto final, sobre el filo. Y ahora, lugar y fecha.]

Víctor Manuel PEREZ MESTRE.
Buenos Aires, 25 de Marzo de 2007.

13 comentarios:

Uninvited dijo...

Dios mío!

*AntagoniSta* dijo...

Qué lejos estoy del valor de esas letras, pero créeme Cecis que mi hermana melliza estará también escondida en alguna nube, y haberla visto hoy dibujada en tus letras me hizo sentir la caricia del sol.

Un beso, y mis lágrimas.
Dale que nos abrazamos fuerte, dale?

Anubis dijo...

Dios Amado! leer esto fue recordarme yendo a Miramar a hacer la ultima voluntad de mi abuelo.
Me diste un martillazo en el alma hoy.

Besos lagrimosos y compartidos.

Paz dijo...

Te leo ... Pero tambien vine a agradecerte tus palabras cariñosas y amables que se juntaron con mi llanto , ellas llegaron con la oportunidad del abrazo y el acompañamiento .

Paz/

Cecis ... funámbula dijo...

Un: Tal cual!

Anta: Tu abrazo siempre calido es un alivio para el alma y el regocijo permanente...Las palabras ya quisiera yo que fueran mias...lo unico mio es el sentimiento que las inspiro y que un hermano que la vida me devolvio despues de larga ausencia, tuvo la delicadeza de dedicarme...ya les hare conocer mas de su produccion.
Te quiero tanto!! Y seguro que por esa nube tambien pasará mi viejo a darle unos abrazos a tu hermana.
Dale!!!

Anu: dificil pero enorgullecedora tarea la que te toco, como a mi...y estoy feliz de haberla podido cumplir, en una noche magica y maravillosa, tal como lo describe el autor de esta obra...y con las cenizas fue mi suspiro aliviado y sereno....alla....con él...que siempre sigue conmigo.

Paz: Sigue vigente el abrazo...asi lo siento y espero que sea igual por alla.

Anónimo dijo...

V.M.P.M.
Vamos por partes... (siempre hay un comienzo, y por allí se suele empezar..) Bueno, en primer lugar, lo más duro y difícil, que es el reproche (aunque afectuoso, reproche al fin, sostengámoslo): Al título del post: la autorización para que publiques esto (que, además valga la aclaración , que es harto pertinente y va de suyo, no hacía falta tal permiso, por cuanto te sobraba el derecho: vos sabés que, en realidad, se lo debo a vos y a tu papá y en qué medida, con o sin lo dicho en la dedicatoria, y con el plus de todo lo que te conté por "línea privada" en el correo en que te lo hice conocer y en las conversaciones consecuentes que tuvimos ulteriormente) no debería de haber sido tan holgada como para que te considerases con permiso a mandarme a tu panteón(en el sentido religioso, más precisamente en este caso, literario quiero decir, no fúnebre), tu areópago personal, al lado de todos los gigantes con los que me quisiste empardar inmerecidamente debajo del denominador común (valga la inversión de la fórmula aritmética como metáfora) de los anteriores "De otros mundos" (y tiemblo al sospechar siquiera cuáles podrían ser los venideros...). No tengo tales méritos, y me doy cuenta de ello hasta y aún por sobre los vapores espirituosos de un glorioso moscato que supimos gozosamente compartir hoy entre algunos queridos amigos. Pecado de desmesura el tuyo, aquellla vieja "hybris" de la que querían escapar los antiguos griegos, queridísima amiga mía, hermana en la vida y en los sueños de una adolescencia lejana en el tiempo y siempre renovada en las esperanzas y en verla reflejada en el crecimiento de nuestros respectivos vástagos. Trascendió alguna vez que las primeras palabras del recordado y querido Juan Pablo I dirigidas a sus pares en el Cónclave -los otros Cardenales- al darse cuenta de que lo habían electo Papa (el de la amplia sonrisa generosa que vos, tantos otros y yo vimos asomarse por vez primera convocando a todos una dulce esperanza que no pudo ser al legendario balcón del Vaticano), fueron: "¡Que Dios les perdone lo que acaban de hacer conmigo!" (a lo que ellos replicaron: "¡Coraggio, Santitá!"). Imaginate que más o menos así me siento: me acabás de obligar de por vida a tener que intentar hacer algo que pugne aún en vano uno conoce sus límites en esto) por valer la pena lo suficiente como para justificar no ya mis hipotéticos merecimientos por vos hiperbolizados para sentarme a esa mesa (ya que nunca los he alcanzado ni creo que alcanzaré), sino, por lo menos, estar a la altura de la redención de mis pobres letras que quiso regalarme tu afecto... Y después todavía has tenido (y empeño mi apuesta: vas a seguir teniendo) el grandísimo tupé de decir que soy yo quien exagera obnubilado por el cariño cuando me expreso lo más sincera y ajustadamente posible sobre tus méritos... En fin... Sobre el aducido (por tu parte) "valor literario", me eximo de mayores comentarios "brevitatis causa" (o causae; por favor: alguien que me corrija, que el latín se me diluye a estas deshoras): vale también lo antedicho. Sí te puedo aceptar, convengámoslo, lo de tu conmoción, la atribución del "valor espiritual", ya que es patrimonio que debería ser siempre inalienable de la libertad de cada uno elegir qué cosas, factores, palabras, causas, ideas, ideologías, sentimientos, etc., le producen resonancias simpáticas en el alma (y sin siquiera los condicionamientos que en la realidad material impondrían las reglas que describe la ciencia física). Las lágrimas... las tuyas y las que dejaron quienes me antecedieron en estos comentarios... son legítimas, desde luego (y vale también para ésto lo que acabo de apuntar en el párrafo anterior). Pero debo indicarte que si la materialidad de nuestros queridos compañeros de ruta ya idos es la que abona la tierra, son nuestras lágrimas por ellos las que la riegan, para que algo nuevo, gozoso y pleno, surja pujante y estalle al sol para redimir el dolor de sus ausencias físicas y perpetuar sus presencias espirituales y afectivas. Alcance dejar expuestas aquí estas razones para, sin perjuicio de ellas, decirte que espero también darte y darles pie asimismo en un futuro próximo para la risa: si las lágrimas son la cicartización, la carcajada es la cirugía plástica reparadora (que además, en términos quirúrgico-económicos, suele ser un negocio más rentable). Quedo entonces, también en ésto, adeudado: nobleza obliga. El tema del humor daría para mucho más, pero no creo que este sea el momento, y todo esto ya viene siendo un abuso de paciencia hacia quienes vengan padeciendo su lectura por mi parte, dada su extensión ya alevosa. Y finalmente -esto no es ya un reproche como el primero, sino un simple ajuste de precisión y corrección conceptual- me temo que tengo la obligación moral de hacerte notar que estás poniendo el carro delante del caballo: la cosa es exactamente al revés: la real maravilla es tu vida -de la que esa o cada una de sus parcelitas y palabras son sólo partes que reflejan en pequeña escala la asombrosa gloria de ese todo-, y la enormidad de cuanto fue y sigue siendo ese ser superlativo que llamamos tu padre: yo sólo las tomé y (quizás hasta por asalto y sin los debidos derechos, merecimientos e instrumentos) las hice palabras. Con todo el cariño de siempre, vayan un beso y un abrazo para vos y los tuyos, y también el respeto mayúsculo que les debo a quienes, conocidos por mí o no, dejaron su testimonio de que con esta historia -aquí y en otros ámbitos, como me pasó con "Jorge y Lala"-, sin quererlo ni saberlo, me les metí como un ladrón por la ventana, va mi agradecido saludo, y el de mi familia. Y firmo aquí mismo, al pie, porque -disculpen mi ciberanalfabetismo- no sé cómo hacerlo de otro modo. (V.M.P.M.)

Cecis ... funámbula dijo...

Victor: cumplida la tarea...vos queres que agote definitivamente el stock de pañuelos descartables del territorio???

Gasper dijo...

Excelente escrito!

Y en este domingo frío, con el mate olvidado y la presencia de mis abues mientras bajan para acariciarme el corazón, me recuerdan la simpleza de los grandes actos y las plabras que se escuchan y guardan entre los latidos más intensos.

Gracias por compartir esta historia.

Besos

Anónimo dijo...

(A ver si este comentario, aunque sea por más cortito, me queda puesto bien y por mí mismo).
Gracias, Ceci. Te quedo triplemente obligado de nuevo: por haber atendido mi pedido, en lo de contribuir a la risa de todos ustedes con algo, y en un quintal de Carilinas. Hasta luego, y gracias también a todos aquellos que quisieron -por un legítimo interés suyo en tus escritos o hasta por una exquisita cortesía de su parte de la que resulté ocasional beneficiario- regalarme el tiempo que les demandó la lectura de mis líneas y, más aún, dejar aquí sus impresiones sobre ellas. Valoro todo ello y lo atesoro espiritualmente en la máxima medida que me permiten mi comprensión y mi afecto. Un cariñoso saludo para todos. V.M.P.M.

Víctor Manuel PEREZ MESTRE
54-11-4-957-5829
54-11-15-5-377-4958
victormanuelperezmestre@yahoo.com.ar
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Gaviota dijo...

Hay, hubo un momento en que temi que saliera d mis ojos una lágrima.
Lindisima historia.
Gracias =)
Saludos saturnianos, q tengas una bella semana.

alek dijo...

me encanto pasar por aqui, me tome mi tiempo para leerte y me perdi, eres de alma bella.

desde ya rendido a tus pies.

alek

Flor dijo...

Increíble.
Me dejo todo hecho un bollito.
Te quiero Ce.
¿Dónde andás que no te estoy cruzando?

Gasper dijo...

Simplemente paso para anunciarte la inauguración de la nueva página...
Sentires y decires
www.sentiresydecires.blogspot.com

Acá intento reflejar por medio de la escritura literaria, las noticias del mundo que me llegan de alguna manera en especial y que me hacen dejar un pálido reflejo de mi interior.

Te espero para mantenernos informados y, sobre todo, para participar.

Besos nuevos